Independencia o sumisión: hora de decir "NO" a España sin matices

Independencia o sumisión: hora de decir "NO" a España sin matices

La historia reciente de Cataluña es la historia de un pueblo que ha sido traicionado repetidamente, no solo por un Estado español que nunca ha querido entender nuestra realidad nacional, sino también por partidos independentistas que han caído en la trampa del diálogo estéril y los sillones en Madrid.

Llevamos años escuchando promesas vacías. Se ha jugado con la esperanza de un pueblo, haciéndonos creer que la negociación con un Estado construido sobre la represión, la corrupción y el autoritarismo podía conducirnos a la libertad. Pero hay que decirlo claramente: España no negocia, España impone. Y mientras nosotros pactamos, ellos nos golpean —con porras, con togas y con la miseria de un sistema que nos asfixia.

La trampa del pragmatismo: más autonomismo disfrazado

Los dirigentes de JxCat y ERC se han vendido como independentistas, pero sus acciones han hablado más alto que sus discursos. Han hecho de la "gobernabilidad de España" un valor supremo, olvidando que su razón de ser era precisamente la de iniciar un proceso de ruptura. Su supuesto "pragmatismo" ha derivado en autonomismo reciclado con bandera estelada.

Su participación en las instituciones españolas ha tenido un único resultado: legitimar un sistema que oprime. Han acabado actuando como correas de transmisión del Estado, validando los presupuestos generales, gestionando la miseria con las competencias a medias, y reprimiendo movilizaciones populares desde el propio Govern de la Generalitat.

El régimen del 78 no se reforma: se destruye

El Estado español actual es heredero directo del franquismo. El régimen del 78 no nació de un proceso constituyente popular, sino de un pacto entre élites que blindó el poder de la oligarquía, la monarquía y los cuerpos represivos. Esta estructura nunca ha aceptado la plurinacionalidad real ni el derecho de autodeterminación.

Quienes pretenden reformarlo desde dentro solo consiguen alimentarlo. La monarquía sigue impune, los jueces campan libres, las cloacas del Estado operan sin control, y la represión contra el independentismo sigue activa, con miles de personas represaliadas.

Negociar en estas condiciones no es estrategia: es sumisión. Es legitimar al sistema que te encarcela, que te espía, que te humilla.

No habrá independencia sin desobediencia

La historia nos lo demuestra: ningún proceso de liberación nacional se ha conseguido colaborando con el Estado opresor. Irlanda, Argelia, las repúblicas bálticas o Kosovo no esperaron autorizaciones. Avanzaron desde la unilateralidad, la resistencia y el poder popular.

Cataluña debe seguir ese mismo camino. No podemos continuar con la fantasía de que el Estado español permitirá un referéndum acordado. Hay que recuperar el mandato del 1 de Octubre y hacerlo efectivo sin pedir permiso.

Por eso, es fundamental:

  • Construir estructuras de soberanía fuera del Estado español: desde cooperativas hasta redes de defensa popular.

  • Impulsar una Asamblea de Cargos Electos con capacidad legislativa simbólica, para comenzar a actuar como república independiente.

  • Desobedecer sistemáticamente las imposiciones españolas, empezando por las instituciones catalanas.

Ninguna colaboración con el régimen: la vía del bloqueo total

Mientras el independentismo colabore con la gobernabilidad española, lanza un mensaje claro: "no queremos molestar". Y España aprovecha esa debilidad para recentralizar, como se ha visto con la Ley Mordaza, la represión a los CDR, el caso Tsunami o el espionaje con Pegasus.

Es imprescindible adoptar una nueva doctrina: bloqueo total de cualquier iniciativa del gobierno español, venga de la derecha o de la izquierda. Esto incluye votar "NO" a investiduras, leyes, presupuestos y acuerdos que perpetúen la falsa normalidad institucional.

Este bloqueo no es nihilismo; es una herramienta política para generar inestabilidad, mostrar el conflicto real y forzar a la comunidad internacional a posicionarse.

El futuro de Cataluña no puede pasar por España

Ya basta de votar "sí" con la esperanza de un diálogo que nunca llega. Ya basta de hacer equilibrios entre Madrid y Barcelona mientras el Estado sigue ganando tiempo. Hay que volver a creer en nosotros, en nuestra fuerza colectiva, y desconectar mental y políticamente de España.

No se trata solo de una cuestión nacional, sino también social. El proyecto de independencia debe ser un proyecto de transformación radical: feminista, anticapitalista, ecologista y profundamente democrático. Y ese proyecto no nacerá de las instituciones españolas ni de las migajas que estas nos dejan, sino de la calle y de la autogestión.

Es hora de elegir: independencia o sumisión. Y el único camino es la ruptura.

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